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  Juan Arreola



 

 

 

  LOS COLORADOS
Autor: José Luis Armendáriz

   

En la mañana del 6 de marzo de 1912 suena el clarín señalando toque de atención, por la puerta principal de la Empacadora aparece el General Pascual Orozco, montando un hermoso alazán de mucha alzada, acompañado por una decena de oficiales de su Estado Mayor, desciende de su caballo y se dirige al general José Inés Salazar dándose un fuerte abrazo. Una vez que concluyeron las ovaciones, el General David de la Fuente interroga a Pascual Orozco en la siguiente forma: “¿Protestáis por vuestro honor cumplir con los deberes de patriota y conducirnos a la conquista de los ideales del Plan de San Luis, reformado en Tacubaya y con la parte relativa al Plan de Ayala?”, “¡Sí Protesto!”, contesta Orozco a lo que de la Fuente expresó: “Si así lo hiciereis la Nación os lo premie y si no nosotros os lo demandaremos con las armas en la mano”. Acto seguido Orozco estampa su firma, luego de la Fuente, José Inés Salazar, Emilio P. Campa, Lázaro Alanis, Blas Orpinel, el Capitán Rodrigo M. Quevedo entre otros. De esta forma queda sellado el pacto de la Empacadora a través del cual un importante grupo de chihuahuenses pretendían enderezar el rumbo que había tomado el movimiento armado de 1910, decepcionados ante las tibias decisiones que estaba tomando el presidente Francisco I. Madero en la capital mexicana.

 El referido acontecimiento es celebrado con un desfile que partió de la Empacadora, por la Avenida Juárez hasta el Paseo Bolívar, en la ciudad de Chihuahua, gran parte de este contingente se componía por hombres que portaban un listón rojo en sus sombreros, y una bandera roja con la leyenda: “Reforma, Libertad y Justicia” miembro del Partido Liberal Mexicano, magonistas provenientes en su mayoría del Distrito Galeana en el noroeste del Estado, mejor conocidos como “Los colorados” grupo de hombres en su mayoría rancheros y que ingresan al movimiento armado activo el 31 de diciembre de 1910 en que liderados por Práxedes G. Guerrero tomaron Janos, donde al término de la batalla y una vez que salen victoriosos, en ella es muerto el guanajuatense, posteriormente en su honor se le pondría el nombre a un municipio del Estado.

Rancheros curtidos por el frío, de esa región del Estado (Casas Grandes, Janos, Galeana, Buenaventura, etc...) hombres libres con un concepto del valor de la dignidad altísimo, acostumbrados a actuar y defenderse por sí mismos sin esperar la protección del Estado, desde sus antiguas luchas libradas por sus ancestros contra los apaches.

Hombres que iniciaron por su cuenta el movimiento armado en aquella región guiados ideológicamente por Flores Magón y  Librado Rivera, quienes desde su exilio en los Estados Unidos de Norteamérica los exhortaba a ser partícipes y promotores de los cambios y que no fue sino hasta el 12 de abril de 1911 en la estación del ferrocarril de Nuevo Casas Grandes, cuando conocieron a Orozco y a Madero, participando posteriormente en la toma de Ciudad Juárez.

Eran los seguidores de los planteamientos de Ricardo Flores Magón en el Estado de Chihuahua, más no los únicos en el país, en Sonora Antonio Rojas lideriaba también un grupo importante, en la región de la Laguna, Benjamín Argumedo, Cheche Campos y Emilio P. Campa en otros, por lo que podríamos señalar que Los Colorados se encontraron en diferentes partes del territorio mexicano, algunos de ellos exclusivamente se conocían por sus acciones y por correspondencia que mantenían cruzada.

Días después de la firma del pacto de la Empacadora se preparó la salida de Chihuahua en dos trenes viajaban las avanzadas al mando del General Salazar, llevando como segundo al General Campa, una columna de más de mil hombres todo de caballería y bien armados con destino final Jiménez.

A esa fecha el General Benjamín Argumedo con un número aproximado de 400 hombres se vio en la necesidad de trasladarse al Estado de Chihuahua toda vez, que el ejército federal se concentraba en Torreón para venir a combatir a los alzados chihuahuenses, ante el inminente desplazamiento hacia el sur de Los Colorados chihuahuenses, el general Argumedo al mando de Los Colorados de la región lagunera avanzo hasta Estación Saucillo en la espera de la llegada del contingente chihuahuenses.

Recuerdo haber escuchado en voz de doña Francisca Andujo Portillo que; con la llegada de Argumedo a Estación Saucillo y por consecuencia de las columnas volantes al pueblo de Saucillo, se generó gran expectación pues era la primera vez que este grupo armado pisaba tierra saucillense, ante su llegada, la guarnición federal que eran principalmente adeptos a Villa, se viero en la necesidad de evacuar la plaza al grito de ahí vienen “Los Colorados”. La gente en Saucillo procuró ocultarse ante el temor de que se cometieran algunos abusos, y de que estos tomaran represalias con todos los seguidores y simpatizantes Villistas,  me platicaba doña Francisca que básicamente la indumentaria distintiva era que portaban el cintillo rojo en el sombrero los cuales básicamente eran de los denominados de “cuatro pedradas” muy de moda en esa época, además de pañuelo del mismo color al cuello, no recordaba que hubieran cometido saqueos, únicamente solicitaron el apoyo voluntario con ropa, armas y alimentos, además de la adhesión a la causa, contrario a lo que la prensa norteamericana se refería a ellos como (red flaggers) y los acusaba de bandidos, salteadores, bandoleros, violadores de mujeres, enemigos del orden, de la propiedad privada, nacional y extranjera.

 

Estación Saucillo en aquella fecha básicamente lo constituía el puro del edificio ferroviario, con algunas casas al frente, no era una Estación de mayor importancia, ya que la mayoría de los granos, verduras y forrajes que se producían en la región eran embarcados en Estación Concho.

La madrugada previa al encuentro de “Los Colorados” de Argumedo con los de José Inés Salazar, fue de mucha tensión, era la primera vez que se encontraba dos grupos armados que no obstante las distancias que los había separado en su lucha, los unían sus ideales, todos eran magonistas convencidos, cada grupo con su propia historia en su respectiva región, Argumedo en la Laguna, Salazar en la región de Casas Grandes.

De los colorados de la región lagunera, al único que conocían personalmente los colorados chihuahuenses era al General Emilio Campa, cuando previo al alzamiento contra Madero, y a la toma de Casas Grandes, se presentaron y conversaron en la cantina “Las coronelas” de aquel poblado, donde planearon el asalto al cuartel.

En aquella mañana del mes de marzo de 1912 al salir el sol llegan los dos trenes procedentes de Chihuahua a Estación  Saucillo, ahí los espera Benjamín Argumedo con su gente.

Arturo Quevedo Rivero en su libro “Los Colorados” describe la escena de la siguiente manera:

“_ Mire gallo, venga, venga a ver esto.

Se incorporó de un salto y se unió al grupo de observadores. En lo que era naturalmente una estación, con una numerosa tropa de infantes y jinetes en improvisado campamento, se entretenía a su vez en escudriñar al tren que llegaba.

_ Y estos pelados sombrerudos...¿quiénes son?

_ Quien sean, han de venir de muy lejos... mira nomás que fregados se ven. _ Es la gente de mi General Benjamín Argumedo _ dijo alguien.

_ ¿Dónde estamos? _ pregunto Arturo.

_ En Saucillo.

_ ¿Cómo cuántos serán? _ preguntó otro.

_ De perdida unos cuatrocientos, creo yo.

_ ¿Contando a las viejas?

_ ¿Cuáles viejas?

_ Pos esas; míralas......... allá están.

_ ¡Me lleva!....... estos si, que saben viajar.

_ Antes de que les de más gusto; fíjense bien, casi todos traen las cananas a medias de cartuchos.

_ Pobres........ les vamos a tener que dar de todo.

_ Lo que si les digo; es que son mas bravos que la tostada....... dicen que no hay General mas valiente, que Benjamín Argumedo.

 El Mayor Lino Ponce se hizo presente y los interrumpió.

 _ ¡Orale! ........ junta de oficiales en el carro de mi General Salazar; de Capitán  pa’rriba ....... ¡órale, apúrenle!.

_ Aquí me espera usted, Teniente Ponce _ le dijo Arturo en broma, a su inseparable amigo.

_ Ay le encargo gallo ........... ¡a ver si se puede avanzar una botellita de brandy!.

 

El vagón especial estaba lleno de gente, todos se saludaban; Arturo llegó hasta donde estaban Silvestre y Rodrigo junto a Salazar, un grupo de jefes que nunca había visto.

_ El de la derecha es Argumedo _ le informó Silvestre _ el de la izquierda es Cheché Campos.

Era Argumedo de mediana estatura y de complexión delgada; muy moreno de piel y con unos ojos, que de tan negros brillaban; vestía traje de charro y tenía las manos ocupadas con un jarro de café y un cigarro puro.

En aquel mundo de machos; Benjamín Argumedo era un hombre de la cabeza a los pies.

_Compañeros...... les pido su atención _ continuo José Ines _ desde hoy, se incorporan a la columna, nuestros hermanos de La Laguna, que incluyen los estados de Coahuila y Durango;...”

 

Luego de un corto tiempo que llevo la presentación y embarque de la tropa, de ahí parten a Camargo, luego Jiménez y de ahí a Estación Rellano en el Estado de Durango donde se enfrentan con el grueso del ejército federal que era comandado por el propio secretario de la Defensa Nacional, General González Salas, donde posteriormente a la explosión de la famosa “maquina loca” la victoria favorece a los chihuahuenses.

Si bien fue una batalla  donde la victoria los favorece, más no la guerra pues con posterioridad en los encuentros ocurridos en el cañón de Bachimba y en el poblado de Ojinaga serían eventos decisivos para el declive del movimiento Orozquista y con ello de “Los Colorados”­ –algunos de sus miembros sobrevivieron y alcanzaron algunos puestos de importancia como Rodrigo M. Quevedo, Gobernador del Estado, otros como el General Argumedo quien posterior a la toma de Zacatecas –donde se distinguió en la defensa de la ciudad- enfermo de tuberculosis y es aprendido en los limites de los Estados de Zacatecas y Durango y después de un juicio sumarísimo termina su vida, tal y como bien lo resume una estrofa  de su corrido:

“Tanto pelear y pelear

 tanto pelear y pelear

 con el mauser en la mano,

 vine a morir fusilado

 vine a morir fusilado

 en el panteón de Durango.”

 

 

COLOFON

En el año de 1900 en la ciudad de El Paso Texas, Ricardo Flores Magón,  su hermano Enrique y Librado Rivera entre otros fundan el periódico “regeneración” que vendría ha ser el núcleo del Partido Liberal Mexicano, en agosto de 1918 Ricardo y Librado son sentenciados a 15 años de prisión por delitos de prensa en los Estados Unidos de Norte América su “manifiesto a los trabajadores del mundo” fue el pretexto, son trasladados a cumplir la sentencia a la prisión de Leavenworth en Kansas. El 16 de noviembre de 1922 muere Ricardo en circunstancias muy extrañas en prisión, aun y cuando el medico que lo ausculta señala que fue angina de pecho. Su cuerpo es trasladado a la ciudad de México por ferrocarril, el cual a manera de homenaje realizo algunas paradas para que la población le diera la despedida, pasa por Estación Saucillo – lugar donde   10 años atrás se encontraron sus seguidores, en Estación Concho se detiene el tren,  en aquella fecha era exclusivamente la Estación y algunas construcciones adicionales que se utilizaban básicamente como bodegas temporales donde se guardaban los productos agrícolas que se producían en “las líneas”, tierras irrigadas por el canal Saucillo, ahí eran almacenados temporalmente antes de su embarque a los vagones del ferrocarril. Cuenta el Sr. Manuel Domínguez Castillo de Estación Concho, que su padre el señor Francisco Domínguez Granados que en aquella fecha vivía en El Mezquital,  y le platicaba que acudió todo aquel que así lo quiso a darle el adiós a Ricardo,  y que un niño de nombre Santiago Valdez Fernández al ver el cuerpo, quedo tan impresionado seguramente por el avanzado estado de descomposion en que ya se encontraba, de tal forma que aun muchos años después se comentaba entre la población, que se encontraba afectado de sus facultades mentales debido al impactó de la escena.

Paco Ignacio Taibo II, en su libro “Arcángeles” describe las recepciones-despedidas que se dan al cuerpo de Ricardo en las Estaciones ferroviarias de la siguiente manera: “Después de todo, la muerte no es el anonimato, la soledad final. Los “otros” que han sido solo imágenes en los últimos días del magonismo, existen. Son obreros, campesinos, comunidades agrarias, sindicatos, banderas rojas y negras en las estaciones del tren, gritos de “Viva Tierra y Libertad”, rumor de multitudes.”

La parada-despedida  en Estación Concho del líder ideológico de Los Colorados, aunque fuera únicamente su cuerpo, a esa fecha 1922 la mayoría de sus compañeros han caído en combate, otros se han institucionalizado, solo queda uno, el mas terco y anarquista quien permanece en la prisión de Leavenworth en Kansas terminando de cumplir la sentencia de 15 años a que ambos fueron condenados, el es Librado Rivera quien permanece en prisión, el 27 de mayo de 1923 le ofrecen el indulto condicionado a que reconozca haber cometido el delito, el viejo se niega no se considera culpable, por fin y a raíz de múltiples presiones al gobierno  Norteamericano, este  termina conmutándole la pena de prisión por la deportación dejándolo en libertad, y el 6 de octubre de 1923 cruza la frontera, transportándose en tren rumbo a su natal San Luis Potosí vendrá cubriendo la retirada de “Los colorados” y con ello será el paso del ultimo magonero de aquellas fechas por el municipio de Saucillo.

                                              

 


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